Prometimos volver en Octubre, y como lo prometido es deuda, aquí estamos de nuevo con nuestra «nueva» ruta. Ésta vez os traemos nuestra vuelta al Puig Campana, pero con ánimos de acabarla. Fuimos los dos de siempre (Jose y David), uno de los pensionistas de la ruta de Aitana, Raúl, y una nueva incorporación que ha venido para quedarse: Jose David (si, es curioso que él sólo se llame como nosotros dos. Es una especia de dos en uno). Comenzamos la ruta estupendamente, hasta el punto en que llegamos la otra vez. Tramo bastante agradable. Pero lo bueno de verdad comienza a partir de ahí. Desde ese punto la ruta hasta la cima (incluso la bajada) va a saco, sin tregua. Subida constante de una dureza reseñable con unas vistas fantásticas durante todo el recorrido. Llegamos a la cima (que parecía que no acababa de llegar nunca) y es todo extrahordinario, vistas sublimes, y enormes y deliciosos bocadillos (no recomiendo emprender la ruta sin haber desayunado. Avisados estáis). Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, dejamos nuestra nota con nuestras firmas y nuestra asociación propia en esa especie de buzón venido de otro mundo. Ya con las pilas cargadas y dejando nuestro legado en escrito en una servilleta, comenzamos la bajada. Muy buena pinta al principio, parecía sencillita, todo lo contrario a la subida, y a lo que vendría después. Casi sin dudarlo, aunque con un cierto desconcierto, cogimos la bajada por el runar, nada fácil al principio, pero fantástico a medio camino. Continuamos con una eterna bajada por un sendero con resquicios de runar y desenbocamos, por fin, en la carretera que nos llevaría de nuevo al coche. En definitiva, 6 horas y media de dura ruta que se puede llegar a hacer eterna. Sobre todo si llevas botas del mercadillo.
Ahora, el resúmen en formato multimedia:
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